Ven-Sigueme

5 de Marzo 2017

¡VEN, SIGUEME!

Marcos 1:16-20
Por Alma Flores

“Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los dos jornaleros, le siguieron” (Marcos 1:16-20).

¿Qué harías si en este momento Jesús caminara hacia ti y te dijera “ven y sígueme”? Él no te está diciendo donde o cómo va a terminar esto; sin embargo, Él te está extendiendo una invitación a la cual es necesario responder.

Cuando Jesús llama, nos llama tal como somos. El llamado que Él extiende es un llamado personal y único. El interés de Dios primeramente es para transformarnos, luego para enseñarnos y finalmente para usarnos.

Cuando Jesús llamó a estos cuatro pescadores, ellos tuvieron que dejar su trabajo, su negocio, y aún a sus padres (vs.18, 20), pues ellos fueron llamados a un llamado especial.
Seguir a Jesús es el anhelo de muchas personas, sin embargo, esto requiere que estemos dispuestos a pagar el precio. Este llamado comienza cuando nos rendimos a Él y luego determinarnos a seguirle con perseverancia.

Los resultados de su decisión a seguirle son eternos. ¿Por qué eternos? Porque nuestra respuesta…
• Marca un cambio en nuestra existencia.
• Afecta positivamente el presente.
• Asegura la eternidad en su presencia.

Seguir a Jesús no es fácil porque surgirán dificultades y hasta oposición, pero si vamos de su mano tendremos la fortaleza necesaria para vencer. Sin olvidar que la decisión de seguirle debe nacer en el corazón y no a base de emociones.

Para seguir a Jesús es necesario que nos movamos tomados de su mano. No habrá dificultad, oposición, o ataque que no podamos vencer. Mediante Jesús tenemos la victoria, Él nos ayuda, nos guía y nos fortalece.

Si has sido llamado por Jesús el Señor a emprender este proceso maravilloso de transformación personal y espiritual, ¡adelante! Ve y síguelo. No te sueltes de su mano por ningún motivo, aunque tengas que dejar muchas cosas a un lado para servirle, al final de todo Él se encarga de recompensarnos. De todos modos, servir a Dios constituye un enorme privilegio. Sé que esto es cierto pues lo he experimentado en mi propia vida.